viernes, 22 de febrero de 2013

Lars von Trier, Europa (1991)


Una toma de Europa
Lars von Trier (o Trier, como fue registrado en su acta de nacimiento) es una de las figuras más controvertidas del cine contemporáneo -y quizás de toda la historia del cine-. Por empezar, es uno de los pocos cineístas actuales que, en la mayoría de sus películas, escapa al desgraciadamente habitual -y profundamente antiestético- clishé de la narración-que-parece-describir-acontecimientos-de-la-vida-real.

Trier hace cine sin intentar -salvo incidentalmente en Bailarina en la oscuridad- sumergirnos en un par de horas de vida vicaria. No nos propone contemplar un espectáculo dramático para hacernos olvidadar de nuestra vida sin juego. Más bien suele ponernos en contacto bruscamente, a la danesa, con  inspiradas construcciones fílmicas que, eventualmente, nos pueden indicar que en nuestras vidas somos tratados nosotros mismos (y no precisamente por este realizador de cine) como parte de un megaespectáculo donde somos consumidores y consumidos a la vez.

La película Europa esta centrada en los trenes, en una escena memorable un hombre y una mujer se hacen el amor sobre una reproducción en escala pequeña de un ferrocarril (funcionando) y la acción está ficcionalmente ubicada en la Alemania inmediatamente posterior a la Segunda Gran Guerra. Y, sí, algo había que decir sobre la "trama".




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